Breve historia relojera de la humanidad

Breve historia relojera de la humanidad




Introducción

Me fascina la historia, me apasionan los relojes y me intrigan los mecanismos. En este primer reportaje de Caballero Armado, hablaremos un poco de estos tres temas descritos. Empecemos a descubrir dónde y cuándo comenzó a desarrollarse esta relación entre los hombres y los aparatos que miden la hora. Para ello, tenemos que remontarnos a más de 3.500 años a.c. desde que se tiene registro de la primera interacción entre el ser humano y la máquina de reloj. Nuestros ancestros no tenían evidentemente ningún mecanismo creado por el hombre en esa época. Pero lo que sí tenían era la necesidad de coordinarse, de tener que estar en algún lugar en cierto momento del día o de la noche. En este sentido, y como siempre sucede, la necesidad estaba ahí pero no los recursos tecnológicos adecuados.

Pero ya teníamos a nuestros antepasados intentando desafiar “lo imposible”: saber qué hora es, en ese entonces un horario aproximado.

Por lo tanto, la creatividad humana los llevó primero a usar un dedo y una rama mirando el sol, o tal vez las estrellas, ya que en las noches se complicaba la técnica solar.

Imagino lo que muchos están pensando: ¿ahí estaban los suizos?, no, ellos no estaban todavía ni siquiera en el mapa en el año 3.500 antes de Cristo.

Relojes Mecánicos

Durante los siglos posteriores los griegos, chinos y europeos continuaron buscando distintas formas de medir el tiempo. Diferentes tipos de relojes de sol, arena y agua fueron los que durante cientos de años ayudaron a las personas a disponer de cierta representación horaria, fundamentalmente teniendo como guía la luz del día y la oscuridad de la noche. Todas estas tecnologías tenían diversos inconvenientes; el reloj de sol problemas con la noche, el de agua con el congelamiento, etc.

Tuvieron que pasar muchos siglos hasta llegar al s. XIV para que en Europa se buscara una mayor precisión horaria. La gran motivación para ello llegó desde la Fe; los monjes, recluidos en sus monasterios, fueron la clave para el desarrollo de la horología mundial (arte o ciencia de medir el tiempo). Era necesario inventar algo que sirviera de aviso para el comienzo de cada una de las sesiones de oración. Es así como se empezaron a usar los primeros relojes mecánicos, los cuales utilizaban un mecanismo de corona que, al llegar al borde de un eslabón metálico, indicaba que había pasado un tiempo determinado. Nada de diales con doce marcadores; a través de sonidos, avisaba que las horas iban pasando. De precisión ni hablar por el momento, estábamos en las primeras fases del avance de los relojes mecánicos.


Relojes de Péndulo

Tuvieron que pasar otros 3 siglos para que la historia de la horología siguiera evolucionando. Es cuando Galileo Galilei inventa el péndulo en 1594.

Si bien Galileo Galilei visualizó que su invento podría llegar a ser de gran ayuda para mejorar el impreciso sistema mecánico de ruedas y bordes vigente en la época, no se dedicó a desarrollar su invento, sino que les dejó la tarea a otros.

Afortunadamente para la historia de la humanidad nuestro Galileo tenía cosas más significativas de qué preocuparse. El universo y sus movimientos, también la inquisición que lo perseguía por sus ideas revolucionarias y, como si esto no fuera suficiente, Galileo trataba de desmitificar las creencias aristotélicas de que la tierra era el centro del universo. Pero bueno, eso es otra historia que nos aleja de los relojes.

Sigamos con el péndulo. Después de 60 años desde que Galilei inventó el péndulo, en 1656 el holandés Christiaan Huygens, creó el primer reloj con mecanismo pendular y desde ese momento se acabaron las excusas para llegar tarde a las citas. El reloj a péndulo revolucionó la industria horológica y fue la mejor tecnología disponible durante los 250 años siguientes. Su exactitud sigue siendo digna de admiración, un buen reloj de péndulo puede tener una desviación de entre 2 a 15 segundos por día. Mientras más largo el péndulo, más preciso el reloj.


Relojes de Muñeca

Durante el siglo XVIII, tener un reloj sólo era posible para miembros de la realeza. Aristócratas y un selecto grupo de hombres de negocio se podían dar el gusto de adquirir un objeto que no dejaba de ser prescindible para la mayoría de las personas. Había relojes públicos en todas las catedrales y lugares masivos, entonces, ¿para qué más?

Pero ahí estaban los príncipes que querían poseer todo lo que los demás no podían tener.

Existen registros confiables de que en 1810, la Reina de Nápoles, Caroline Murat (Caroline Bonaparte), nada menos que la hermana menor de Napoleón Bonaparte, le habría solicitado a Abraham Louis Breguet que la sorprendiera con un reloj hecho especialmente pensado en ella. Y así fue cuando en 1812 el reloj fue entregado a su afortunada propietaria. Oro rosa, caja ovalada, 82 diamantes, esfera de nácar, movimiento automático con autonomía de 38 horas, 25 rubíes… etc, etc, etc. Se dice que este fue el primer reloj de muñeca de la historia, después de eso, la Reina Caroline tuvo más de 30 piezas de la misma casa relojera (Breguet continúa reeditando la colección Reina de Nápoles).

El reloj de la Reina Caroline Bonaparte está desaparecido, su último registro se remonta al año 1855. El hijo de la reina dejó un ejemplar para su reparación (el registro de dicha reparación lo constituye un documento de la casa relojera Breguet).


Hombres: más de dos siglos con el reloj en el bolsillo

Aunque parezca curioso los primeros relojes de muñeca fueron usados por mujeres.

Los grandes desarrolladores de joyas finas encontraban en las mujeres de la nobleza el público objetivo perfecto para sus creaciones, desbordadas de piedras preciosas a las que gradualmente fueron agregando la funcionalidad horaria.

Por su parte, los hombres usaban hermosos y masculinos relojes de bolsillo que, aunque todavía se pueden encontrar, pasaron a ser sinónimo de tiempos remotos.

En aquel entonces para el hombre “alfa” de la época un reloj en la muñeca era muy refinado y se asemejaba más a una joya femenina, lo que derivó en que por más de 2 siglos fuera rechazado por nuestros antepasados “machos alfa”.

Pero las cosas cambian y todo tiene una explicación. Como los expertos de marketing lo pueden comprobar, entender al consumidor es la base de todos los productos exitosos que existen o que han surgido en la historia. Ipod, Ford T, Google, Nescafé, Spotify, WhatsApp, etc. Lo mismo ocurre con el progreso que ha experimentado la historia de la relojería en el mundo.

Tal y como en un momento los monjes fueron forjadores de muchos adelantos y luego las monarquías competían por demostrar su poder, al inicio del siglo XX hubo un feroz y mortal elemento de aceleración en el avance definitivo de la industria relojera.

Las Guerras

Primero fue la guerra de los Bóeres o de liberación: 1880-1881 / 1899-1902 entre el Imperio Británico y Sudáfrica. Luego, y aún más determinante en la adopción masiva de los relojes de muñeca por los hombres en todo el mundo, fue la trágica y devastadora guerra de las trincheras: Primera Guerra Mundial (1914-1918).

El simple hecho de tener que sacar el reloj de bolsillo era suficiente para debatirse entre la vida o la muerte.

Los soldados empezaron a usar sus relojes ya no como joyas suntuarias, sino como instrumentos indispensables de guerra. Las noticias y reportajes hablaban de los relojes que utilizaban estos héroes nacionales. Al poco tiempo, usar un reloj era popular.

Rápidamente los hombres fueron abandonando sus románticos y bellos relojes de bolsillo y empezaron a lucir sus flamantes y masculinas piezas mecánicas en sus muñecas.


Conclusiones

Los avances de la relojería en el siglo XX y XXI han sido exponenciales.

La revolución tecnológica ha llevado a la industria a niveles insospechados de desarrollo, teniendo presente que los relojes recién comenzaron a usarse de forma masiva a fines del s. XIX y comienzos del s. XX.

La aeronáutica, viajes espaciales, nanotecnología, Internet y la globalización, han llevado a la industria a una nueva y gran revolución como lo fueron en su tiempo los relojes de sol, de agua, el péndulo, el movimiento automático y el cuarzo, entre otros.

Personalmente imagino y también quiero imaginar que los relojes clásicos seguirán siendo importantes en el futuro. Creo que los seres humanos tenemos una dualidad entre la modernidad y tecnología, sin embargo hay cada dia mas personas que se apasionan con lo clásico. También uso mi teléfono para ver la hora y muy esporádicamente manejo un reloj inteligente, ahí los tengo en el cajón de mi velador para cuando los necesitamos.

Para mí, un reloj no sólo proporciona la hora, además representa una pieza mecánica que late, palpita en mi muñeca y tiene vida propia. Un reloj mecánico es incomparable (entiéndase este concepto de relojes a cuerda o automáticos). Poco me interesa el precio del reloj o si una marca determinada otorga “estatus” a quien la lleva puesta.

Mis relojes me tienen que hacer sentir y generar emociones. Si un determinado reloj no lo hace, entonces no es el indicado. Es por esto que mis relojes los conservo, me niego y no puedo vender ninguno de ellos. Quizá los puedo regalar a alguien que quiero para que los cuide y valore como objetos importantes que han sido parte de mi vida.

Pronto continuaremos con la segunda parte de esta secuencia histórica.

¿Qué ha pasado con los relojes después de la Primera Guerra Mundial?

Patricio Torres H.

Amante de los relojes – Entusiasta y Coleccionista

Caballero Armado – Sección Relojes de Verdad